Hay agencias de tripulación, hay aplicaciones y hay grupos de Facebook con cuarenta mil miembros. Todo eso sirve y conviene usarlo. Pero la verdad incómoda del sector del superyate en primavera es que muchísimos primeros embarques se siguen consiguiendo andando por un muelle y preguntando.
Y el mejor sitio del Mediterráneo para hacerlo lo tienes en casa. Palma concentra en unos pocos kilómetros el astillero STP, el Club de Mar, el Moll Vell, la Marina Port de Mallorca y, a veinte minutos, Puerto Portals: cientos de barcos en obra o preparando temporada entre finales de febrero y mayo, con toda la industria auxiliar alrededor y las crew houses a diez minutos andando. Antibes y Port Vauban son la otra plaza, algo más tarde y con más competencia francesa y británica; si Palma no da resultado, dos semanas allí son el plan B lógico. Hay además una ventaja que casi nadie te cuenta: media flota del Mediterráneo inverna en Mallorca, el castellano se oye en todos los pantalanes, y ser español o portugués, con papeles en regla y un inglés decente, te pone por delante de mucha gente que llega en avión desde Sudáfrica o Australia.
Antes de ir
Necesitas el STCW de formación básica en seguridad —cinco o seis días, entre 800 y 1.200 €, válido cinco años— y el reconocimiento médico ENG1 con un médico homologado por la MCA, unos 135 € y válido dos años. Sin esas dos cosas nadie puede embarcarte legalmente y todas las conversaciones terminan educadamente en «vuelve cuando los tengas». El RYA Powerboat Nivel 2 ayuda a los marineros de cubierta y sale desde unos 230 €; un curso corto de interior ayuda a azafatas y azafatos de yate; ninguno de los dos es obligatorio para tu primer daywork. Dicho todo junto: el paquete completo son entre 1.200 y 2.400 € antes de que cobres un solo euro. Esa es la barrera real de este sector y es mejor saberlo antes de reservar el vuelo que después.
Reserva crew house para quince días, no para una semana. En Palma las hay alrededor de Santa Catalina y del Paseo Marítimo, y en Antibes The Crew Grapevine y el Glamorgan son instituciones. Vas a compartir litera con gente que está haciendo exactamente lo mismo que tú, y lo que se cuenta en esos desayunos vale más que cualquier guía, esta incluida.
El día
A las seis en pie. Polo planchado, bermudas o pantalón chino, náuticos y las gafas de sol fuera de la cabeza. Veinte currículums impresos en una funda de plástico: una página, foto arriba a la derecha, titulaciones con fecha, nada de relleno. En el muelle a las siete, que es cuando la tripulación está baldeando y el capitán o el primer oficial andan por cubierta con un café en la mano.
No estás pidiendo trabajo. Estás preguntando si necesitan daywork. El daywork son entre cien y ciento cincuenta euros por una jornada sacando brillo al acero inoxidable, y es la entrevista de verdad: llega puntual, trabaja sin que haya que repetirte las cosas y sé el tipo de persona con la que alguien pasaría cuatro meses embarcado a gusto. Los barcos contratan primero a sus dayworkers.
El primer oficial no está leyendo tu currículum. Está mirando si recoges la manguera como se debe.
Cómo es una buena semana
- Días 1 y 2: muchos «no, lo siento» y algún «déjame el CV». Pásate esa misma tarde por dos o tres agencias en persona: las grandes tienen oficina en Palma y en Antibes y quieren verte la cara.
- Días 3 a 5: tu primer daywork. Hazlo impecable. Pregunta a la tripulación quién más está buscando gente; ellos lo saben.
- Días 6 a 10: repites en el mismo barco o te recomiendan a otro. Ya tienes una referencia de yate, y eso cambia todas las conversaciones.
- Días 10 a 14: si no ha salido nada, una travesía de entrega o una semana de chárter como freelance es el camino rápido para sumar días de mar. Di que sí.
El dinero y la realidad
Un primer puesto de marinero de cubierta o de azafata de yate parte de unos 2.800 € al mes, viviendo a bordo y con todo pagado, más las propinas de chárter, que en un buen verano pueden duplicarlo. La realidad son jornadas de dieciséis horas durante el chárter, un camarote compartido con un desconocido y ninguna voz ni voto sobre adónde va el barco. La mayoría de los que aguantan más de una temporada se quedan cinco.